Estrés, obesidad y envejecimiento

5 de junio de 2020

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El planteamiento del tema puede ser ya la conclusión. El estés prolongado, por los desequilibrios metabólicos que provoca, engorda y acelera el envejecimiento biológico.
Me refiero a un tema que estudié muy a fondo hace años, del que tengo una larga experiencia, que no deja de ser de gran actualidad y que sigo explicando en un máster.
Estrés: es un estado de homeostasis amenazada, provocado por un agente estresante (stressor) psicológico, ambiental o fisiológico. El agente estresante más importante y que a veces no nos damos cuenta es el psicológico.
Pero hay dos niveles de estrés. Estrés corto en el tiempo y estrés prolongado. El estrés provocado por un hecho puntual transitorio, es positivo.
El estrés puntual ocasionado, por ejemplo, preparar unos exámenes, un viaje, unas oposiciones. Es decir, situaciones a corto plazo, que finalizan bien o mal, pero terminan.
A efectos fisiológicos el agente estresante estimula el eje hipotálamo-hipófisis-adrenales (HHP), aumenta la síntesis de cortisol y además las interleucinas anti-inflamatorias.
Éste aumento de cortisol da un estímulo que permite tener más atención, más capacidad de trabajo y en general más energía.
El estrés psicológico prolongado o crónico, es muy negativo para la salud. Son situaciones que agobian y preocupan, porqué distorsionan la vida. Se tiene la sensación – y a veces es la realidad- que ningún esfuerzo personal puede resolverlo.
Ejemplos de estrés psicológico: Estar en el paro prolongado, adolescentes que sufren bulling, burn out en el trabajo, estar al cuidado de un familiar con una grave enfermedad.
Precisamente el modelo que se toma, para hacer los estudios bioquímicos de éste tipo de estrés, son personas que están al cuidado de una familiar con Alzheimer.
Al inicio hay también estímulo del eje HHP, pero a diferencia del estrés agudo que tiene una fecha de finalización, aquí no y el aumento prolongado de cortisol, se asocia a un aumento de la síntesis de las interleucinas pro-inflamatorias.
Este aumento de cortisol, eleva el valor de la glucemia, aumenta la síntesis de tejido adiposo, inicia la depleción del sistema inmune y pérdida de memoria. En mujeres es frecuente la inhibición de la ovulación, entre otras muchas disfunciones.
Un punto clave: Al comer, hay una vía bioquímica, que se conoce como vía anorexigénica, que quita el apetito. Primer factor, la secreción de leptina. Aquello de basta “no puedo más”.
Pero en el conjunto de interleucinas que se generan con el estrés, –se puede demostrar con un esquema de vías metabólicasl y lo hemos cuantificado con análisis, se inhibe el péptido NPY, que es el que frena la vía anorexigénica.
Conclusión se anula el freno al apetito. Se come más y por tanto se engorda.
Una persona súper estresada duerme mal. El cortisol permanente alto, rompe su biorritmo (bajo por la noche, alto por la mañana, que es el que nos despierta), y rompe también el biorritmo de melatonina que es el soporte del sueño.
Un síntoma evidente de estrés, es la persona que duerme mal, se levanta por la noche, va a la nevera a comer algo y suele hacerlo de cosas dulces. Es lo que se conoce como “Night eating syndrome”.
Una demostración experimental muy interesante y en la que hace años investigaba. Se estresan ratones mediante técnicas experimentales (someterlos a ultrasonidos entre otras). Se hacen dos grupos, los estresados y los no estresados.
Se les pone dos tipos de comida líquida, una con un edulcorante y otra con nutrientes, pero no de sabor dulce. Los estresados, mayoritariamente, toman la del sabor dulce, los no estresados la nutritiva.
La persona con un estrés crónico, debido al aumento y biorritmo plano de cortisol, come más, aumenta la glucemia, por tanto, aumenta de peso. Es decir, genera obesidad.
La obesidad genera resistencia a la insulina y ésta a su vez estimula el sistema nervioso simpático, que provoca, a través del aumento de secreción renina por el riñón, el estrechamiento de los capilares sanguíneos, aumento del ritmo cardíaco, es decir hipertensión.
También, el comer más, ocasiona dislipemia, es decir aumento del colesterol y triglicéridos.
En resumen, y obviando muchos datos, el estrés crónico origina hiperglucemia, resistencia a la insulina, dislipemia, hipertensión, obesidad central y todo este cóctel, es causa del síndrome metabólico.
El síndrome metabólico –en mayor o menor cuantía- es la principal causa del envejecimiento prematuro, y ésta es la consecuencia final, de lo que tan sólo empezó con un estrés psicológico.
Durante un período largo de tiempo, un par de años a tipo orientativo, el efecto dismetabólico de cortisol alto, lo compensan las adrenales con un aumente de DHEA, que compensa el efecto catabólico del cortisol.
Pasado éste tiempo si el agente estresante no desaparece, viene el agotamiento adrenal con una caída brusca de cortisol y también de los niveles compensatorios de DHEA.
Tenemos personalmente experiencia de centenares de estudios del biorritmo cortisol/DHEA. Estas situaciones extremas conducen al derrumbe de la persona. Se pone enferma.
Hasta aquí solo hemos hablado del stressor psicológico. Pero hay otros tipos de stressors, que los sufrimos cada día y suman su efecto.
El más importante es el del tráfico. Ir al trabajo, a una reunión o acto importantes y sufrir largos atascos, tráfico muy denso, ver que se llega tarde… también genera estrés psicológico.
Otro stressor ambiental que padecemos y no nos damos cuenta: El ruido ambiental de las grandes urbes. Es un factor que por sí solo es difícil que produzca estrés, pero suma al psicológico. Demostrado: Las personas que viven en ambientes rurales tienen menos patología de estrés.
Todo lo que he relatado se puede seguir a través de esquemas bioquímicos de vías metabólicas, que también se pueden detectar mediante análisis de laboratorio. Es importante diagnosticar a tiempo, cuando se entra en una fase de estrés.
Hay muchos síntomas:
Fumar o fumar más, si ya se es fumador. Dificultad para conciliar el sueño. Engordar. Aceleración del pulso. Sudar en situaciones tensas. Hipersensibilidad al ruido. Disfunción intestinal. Disfunción sexual, entre otras.
Evitar el estrés, y si no se puede evitar, observar si tiene algunos de los síntomas citados. Ser consciente, que es muy nocivo para la salud. Visitar a un especialista, ya que está en juego su salud.
Una forma muy evidente de detectarlo, es mediante la prueba de biorritomo de cortisol/DHEA en saliva. Una prueba sencilla que da una información muy práctica, avalada por mi experiencia de muchos años.
 
Dr. Juan Sabater- Tobella
European Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network.
Presidente de Eugenomic
 
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Foto Fuente: Andriyko Podilnyk (Unsplash) 

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