Fracturas de cadera en ancianos

La incidencia de fracturas por osteoporosis, aumenta exponencialmente a lo largo de la vida.

30 de mayo de 2019

La osteoporosis es una enfermedad que se caracteriza por una menor densidad y calidad de los huesos, lo cual implica debilitamiento del esqueleto y mayor riesgo de fractura, en particular, de columna, muñeca, cadera, pelvis y parte superior del brazo.

Este tipo de fracturas, cuyas consecuencias pueden ser graves, ya que se asocian a un deterioro funcional significativo e incluso a un aumento de la mortalidad. Entre ellas, las fracturas vertebrales suelen pasar desapercibidas como patología, aunque impactan de forma importante en la calidad de vida al provocar dolor crónico, limitación de movilidad y problemas persistentes en la espalda.

En junio de 2018 la US Preventive Services Task Force, publicó en JAMA las guías para la prevención de fracturas por osteoporosis. Screening to Prevent Osteoporotic Fractures. En 2011 Journal of the American Geriatrics Society también publicó un estudio, que demuestra que prevenir la osteoporosis, representa un beneficio efectivo para el paciente y la sanidad.

Las fracturas más graves, son las de cadera.

Las fracturas de cadera son las más frecuentes en centros de geriatría, donde además de la pérdida de calidad de vida, incrementa considerablemente los costes asistenciales, y en general de quién atiende a estas personas. En mayo de este año se ha publicado en JAMA , un trabajo que analiza esta cuestión : Hip Fractures in Older Adults in 2019.

En él, exponen el grave problema que ocasionan estas fracturas, y que su prevención debe ser prioritaria en Medicina del envejecimiento. Recomiendan realizar el test FRAX (Fracture Risk Assesment Tool). Una herramienta de la OMS para la evaluación de riesgo de fractura, que permite adoptar decisiones contrastadas sobre el tratamiento.

Es una aplicación informática con datos de antecedentes familiares y hábitos de vida. Ofrece un índice de riesgo que puede servir como datos de inicio.

Actualmente, ya se dispone de perfiles de polimorfismos genéticos que informan sobre el riesgo personalizado de padecer una enfermedad, en este caso de osteoporosis.

El estudio preventivo de la osteoporosis resulta especialmente útil en mujeres jóvenes, ya que permite actuar antes de que aparezcan los primeros signos de la enfermedad. Gracias a esta información, es posible recomendar hábitos de vida y complementos nutricionales adaptados a las necesidades de cada persona, con el objetivo de preservar la salud ósea a largo plazo.

Ahora bien, no podemos ignorar otro gran factor, la medicación y las interacciones entre medicamentos. 

Muchos efectos adversos en personas mayores están relacionados con la medicación, bien sea por la cantidad de fármacos que toman o por la manera en que su organismo los metaboliza. Identificar estos riesgos a tiempo puede marcar la diferencia.

En el caso de los trastornos del sueño, es común que a los ancianos se les prescriban benzodiacepinas de acción corta. También se utilizan en mayores que presentan estados de ansiedad o inquietud. Sin embargo, la mayoría de estos fármacos se metabolizan a través de la enzima CYP3A4.

Si el paciente también toma medicamentos que inhiben esta enzima —lo que ocurre con decenas de fármacos comunes—, el metabolismo se ralentiza, se acumula la sustancia activa y puede producirse una sobredosis. Las consecuencias más frecuentes son somnolencia excesiva, caídas y fracturas. Es un problema habitual y muchas veces podría evitarse.

Además, existen numerosos medicamentos cuya prescripción en personas mayores requiere especial precaución, sobre todo por su interacción con otros tratamientos que ya suelen estar tomando. Entre ellos se encuentran los antipsicóticos, antidepresivos, anticolinérgicos, opioides y antihipertensivos. Este último grupo es especialmente relevante, ya que la mayoría de personas mayores de 65 años presentan hipertensión y reciben este tipo de tratamiento. Si a la vez toman fármacos que interfieren con las enzimas responsables de su eliminación, el riesgo de hipotensión ortostática aumenta, lo que puede derivar en caídas y fracturas.

La polimedicación en personas mayores es frecuente y representa uno de los principales factores de riesgo para sufrir interacciones. Estas interacciones pueden causar que el medicamento no funcione o resulte tóxico. Consultar un software de farmacogenética antes de prescribir permite saber en segundos si la medicación y la dosis son adecuadas para cada persona.

Como conclusión:
La prevención de fracturas en adultos mayores, requiere una especial consideración, siendo una prioridad de salud, evaluar el riesgo añadido, debido a la medicación administrada.

Dr. Juan Sabater Tobella
European Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network
Presidente de Eugenomic

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